Desde Santiago, Chile hasta Uspallata, Argentina

La salida desde Santiago la programamos para un día domingo en la mañana, evitando así la congestión de los otros días. Con todas alforjas listas, logramos salir a las 8:30 am del dia 17 de mayo del 2015 desde el departamento de mi hermana en Ñuñoa, con la mirada fija en el objetivo de viajar solo por viajar, pero con la sensación de que algo nos faltaba; días después corroboraríamos esto en Uspallata.

Para el mediodía ya habíamos salido del gran Santiago con dirección a Los Andes, por medio de la ruta 57, la cual se encuentra tapizada de letreros prohibiendo el acceso a peatones, carretas, y por sobre todo a ciclistas. A pesar de estas advertencias seguimos nuestro rumbo, ya que la ruta cuenta con una buena berma que asegura una distancia prudente para transitar. Lamentablemente la seguridad se pierde al llegar al limite con la región de Valparaiso por la existencia del túnel Chacabuco, del cual ya nos habíamos enterado por nuestro mapa. Sabiendo esto, hicimos dedo durante una hora bajo un Sol que pegaba fuerte, solo para conseguir sed y frustración ya que nadie nos llevaba al otro lado del túnel. Al ver a uno de los trabajadores de la autopista en una camioneta, me acerque a preguntarle si nos podía llevar, y para nuestra sorpresa nos dijo que si avanzábamos 4 km más nos encontraríamos con un camioncito que nos ayudaría. Sin tiempo que perder, dimos vuelta al pedal nuevamente, pedimos asistencia de ruta y cruzamos el túnel gracias a este servicio que dispone la concesionaria de la Autopista. Vale destacar que este servicio se encuentra para cruzar en ambos sentidos, ya que el túnel cuenta con cámaras de vigilancia y nada pasa por alto. Asi que si te surge la duda, nosotros damos prueba de que el servicio funciona, y mejor aun: totalmente gratis! 😀

Camino no biciamistoso hacia Los Andes

Camino no biciamistoso hacia Los Andes

Ya en la Quinta Región, comienza el suave descenso hacia Los Andes, y con ello el paisaje se convierte de matorral seco a valles con arboles frutales y viñedos. Llegando a la ciudad, buscamos la casa de nuestros anfitriones, que nos hospedaron por dos noches, teniendo tiempo suficiente para cambiar pesos, comprar comida y revisar mapas e inclinación del terreno por medio de la pagina web perfilderuta.es , que tanto nos sirvió en el viaje por Patagonia.

Entrando a la 5ta region y sus riquezas.

Entrando a la 5ta region y sus riquezas.

Partimos el 20 de mayo hacia el paso Los Libertadores por la ruta CH-60 con un poco de intranquilidad, ya que nos habían dicho que esa ruta no tenia berma y que el alto trafico de camiones hacia que el tramite de llegar al control de aduana fuera un tanto estresante para ciclistas como nosotros. Al pasar los kilómetros de nuestra salida de Los Andes, nos dimos cuenta que las opiniones estaban lejos de ser ciertas, ya que el camino tiene berma y que, a pesar del trafico de camiones, la mayoría fue bien prudente en tomar distancia, o al menos en reducir la velocidad al vernos.

Con esta configuración, llegamos al día siguiente a la temida cuesta Caracoles, o cuesta Juncal, la que también tiene berma en todo su trayecto, excepto desde la vuelta numero 29 hasta donde esta el Hotel Portillo. Este tramo de menos de 2 kms cuenta con una pista extra para vehículos lentos, así que se transita con seguridad, y créanme, los choferes no se creen Schumacher cuando andan por estos lados. Incluso yo, que soy una persona precavida en ámbito vial, y hasta un poco miedosa, me sentí segura pedaleando con vista a la Cordillera, y vaya que se agradece poder compartir el camino con tal belleza de paisaje.

¿Ya llegamos ya?

¿Ya llegamos ya?

Otro dato importante, los cobertizos presentes en la ruta CH-60 no tienen berma, pero tienen caminos al costado, de ripio claramente, donde la bicicleta es bienvenida, salvo los dos existentes en la cuesta Caracoles. Estos los cruzamos por dentro, eso si: previamente revisamos que no venían vehículos detrás y usamos nuestros chalecos refractantes en caso de que la oscuridad se volviera absoluta, cosa que no sucedió. Creo que no esta de más mencionar que no es aconsejable escuchar música cuando se hace esto. Atención ante todo.

Ya cerca de las 16hrs llegamos al complejo fronterizo Los libertadores, donde de nuevo tuvimos que hacer dedo para cruzar el túnel Cristo Redentor. Al no tener éxito, y observando que la noche avanzaba hasta el lugar, nos instalamos con carpa y todo en un hotel abandonado a unos pocos pasos de la aduana, el cual nos sirvió un montón para capear el frío nocturno que se puede sentir a 3200 msnm. Al día siguiente, dándonos cuenta que aun no nos habíamos convertido en pitufos, y con el fin de semana del feriado del 21 de mayo presente, nos levantamos con la misma tónica de conseguir un camión que nos ayudara a cruzar el túnel, dado que funcionarios de la PDI y Aduana nos dijeron que esta era la única forma. Sin éxito decidimos continuar el camino hasta la estructura misma, pensando que quizás los chóferes tendrían mas piedad al vernos con el problema en la cara. Nuevamente, las circunstancias nos sorprenden y llegamos hasta una edificación antes del túnel, perteneciente a vialidad de Chile, desde donde sale un señor muy amable quien nos ofrece un aventón, con bicicletas incluidas, para cruzar este túnel de 3 kilómetros que comunica Argentina con Chile. Ante tal jugosa oferta subimos rápidamente al camión, y nos afirmamos con todo para llegar por fin a Gendarmeria Argentina, quienes entregan un papel indicando el modo de transporte y la cantidad de personas. Luego de esto, descendimos rápidamente al complejo fronterizo Horcones, donde el feriado del 21 de mayo más feriado del 25 de mayo argentino más paro de Aduana Chilena formaron una caótica situación de largas filas de vehículos. Siguiendo el consejo de mi sabio marido, que ha lidiado con este tipo de situación previamente, y considerando que ninguno de estos vehículos nos dio ayuda cuando la necesitamos, nos colamos (en buena si!) en la fila para obtener al fin los tan preciados timbres en nuestros pasaportes.

Continuando el camino en descenso, buscamos refugio del fuerte viento, típico de la pampa seca. Eureka! Dentro del paisaje agreste y de tonalidad rojizas y amarillas, Sylvain divisa un camino y un letrero alrededor del km. 1160-1163: “Ranchillos, tambo incaico”, al parecer son ruinas, y como anillo al dedo para nuestra idea de protección contra el viento, y mejor aun, sin restos de caca humana como suele pasar en lugares así: no falta el estúpido que tiene que dejar su huella café justo en el medio de una edificación, teniendo una área verde y ventilada afuera de esta donde hacerlo. Eso si, si vas a usar una estructura así para pasar la noche, siempre pone la carpa, yo al menos pienso constantemente en vinchucas, aunque me digan los lugareños que no son comunes. Bueno, no esta de más mantener a algunos visitantes alejados.

Tambo incaico argentino; ideal para protegerse del viento y frio.

Tambo incaico argentino; ideal para protegerse del viento y frio.

Ya a 22 de mayo, llegamos a Uspallata, para comprar alimentos y conseguir suficiente agua para dos días sin ningún pueblo en la Ruta Nacional 149 (RN 149). Calculamos 13 litros, aunque no los usamos todos. Durante nuestra corta estadía es esta localidad nos damos cuenta de algo: NO COMPRAMOS ADAPTADOR PARA LOS ENCHUFES ARGENTINOS, era esto lo que nos falto conseguir en Chile!!. Pero el show debe continuar, y solo nos queda avanzar.